Compro… luego insisto

La digitalización de la comunicación, la interconexión de ordenadores y dispositivos, un nuevo software más interactivo y perfeccionado, la mejora de las redes y conexiones han supuesto una transformación tecnológica histórica.

Por otro lado, los medios de comunicación de masas han generado una imparable comercialización de medios, una concentración de empresas globales en grandes conglomerados empresariales y una convergencia empresarial entre operadores de telecomunicaciones, fabricantes de ordenadores, proveedores de internet y medios de comunicación.

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Individualismo versus imperio. Lo local y lo global. Esta nueva escena, la posibilidad de una cierta independencia de funcionamiento y contenidos, ha creado un tipo de actor social diferente, interactivo, informado no sólo por los cauces oficiales, un individuo capaz de enfrentarse, boicotear, promover, producir, compartir e incluso “legislar” normas y costumbres nunca antes planteadas.

Un nuevo lenguaje, una nueva forma, una nueva arma de difusión masiva desde una difusión personalizada. Un individuo genera su propia información, la comparte, la modifica y transforma y crea opinión. Ese mismo individuo que lee lo que quiere leer y promociona lo que quiere promocionar sin las leyes habituales de la oferta, la demanda o el mercado. Un consumidor de nueva generación que reivindica un rol activo tomando plena conciencia de su posición en un sistema económico y social fundamentado en el consumo, en un consumo despiadado y ajeno a una dimensión más humana.

El consumidor actual es proactivo: como decía Manuel Luque, famoso director general de Camp en una antigua y exitosa campaña de publicidad, busca, compara y si encuentra algo mejor, lo compra. Está informado, sabe lo que quiere e incluso, sabe dónde encontrarlo. Es exigente, quiere calidad y precio, no acepta imposiciones y vive en una galería virtual con la mayor oferta que se ha podido tener hasta la actualidad. La red le ha proporcionado herramientas y le ha achicado las distancias y los tiempos.

Prosumers, crossumers… consumidores que producen, que navegan en un mar que Manuel Castells, uno de los sociólogos más influyentes del mundo, ha definido como autocomunicación de masas: “Es la comunicación que seleccionamos nosotros mismos, pero que tiene el potencial de llegar a masas en términos generales, o a las personas o grupos de personas que seleccionamos en nuestras redes sociales”.

Prosumer

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Producimos, compartimos, enfocamos, dirigimos, compramos y vendemos, creamos y creemos. La autocomunicación de masas es una bomba de relojería a los pies de los medios de comunicación tradicionales, que como un gran elefante, se defienden de millones de hormigas carnívoras, una marabunta de diminutos “medios de comunicación”, a los que si quieres vencer, o vender, tendrás que adaptar tus medios, formas, contenidos y actitudes a una nueva forma de formar e informar. Un virus de aparente libertad que está corroyendo los cimientos de la reciente historia de la comunicación.

Estos consumidores son el nuevo reto del nuevo comerciante, del nuevo profesional de los servicios o la hostelería. Este es el consumidor que ya está provocando que las empresas o establecimientos dejen de esperar en las trincheras de sus negocios para salir a entender las motivaciones que les mueven, les interesan y les seducen. El neuromarketing ha llegado. Viva el consumidor.

José Ángel Alegre

Capycua Equipo Creativo

http://www.capycua.com/

 

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